Planificación estocástica de sondajes: del plan determinista al plan probable
El plan semanal de sondajes es un ritual conocido en cualquier operación de exploración o mina. El lunes se compromete una cifra —tantos metros, tantas plataformas, tantos pozos— y el martes al mediodía ya se rompió. Una máquina que no arrancó, un traslado que tomó el doble, un muestrero que no llegó, un cambio de zona no previsto. El miércoles ya nadie mira el plan original.
Este patrón no es un problema de disciplina de ejecución. Es un problema estructural del método con que se construye el plan. Los planes semanales de perforación se hacen de forma determinista: un número fijo de metros por turno por equipo, multiplicado por la cantidad de turnos, ajustado por una utilización promedio "razonable". El resultado es un número único, un compromiso, una promesa. Y como toda promesa hecha con supuestos fijos sobre un sistema con alta variabilidad, se incumple.
Qué asume el plan determinista.
Un plan determinista asume que el rendimiento del equipo es un valor: 45 metros por turno, 60 metros por turno, el número que sea. Ese número existe en la realidad —es el promedio histórico, quizás incluso ponderado por tipo de sondaje o zona— pero es solo eso: un promedio. El equipo real, en el turno real, con la sarta específica que tiene, el operador específico que la maneja, en la zona geológica específica donde perfora, entrega un valor que se aleja del promedio con una dispersión enorme.
Cuando se planifica con el promedio, se planifica con el 50% de probabilidad de cumplir. La mitad de las veces se llega, la mitad de las veces no. Y como la operación entera se compromete con ese número frente al mandante, la gerencia y el contratista, cada semana termina explicando por qué "no se pudo".
Qué hace un enfoque estocástico.
Un enfoque estocástico reemplaza el número fijo por una distribución. Para cada equipo, para cada tipo de sondaje, para cada zona, en lugar de un valor esperado se usa la distribución completa de rendimientos observados históricamente: cuántos turnos rindió 20 metros, cuántos 45, cuántos 80, cuántos cero.
Con esas distribuciones se simulan miles de escenarios de la semana entrante: en cada escenario, cada equipo entrega un rendimiento muestreado de su distribución real. El resultado no es un número: es otra distribución, la de metros totales que la operación puede entregar la próxima semana.
Y esa distribución permite comprometer con lenguaje distinto. En lugar de "vamos a perforar 3.200 metros", se compromete "hay 80% de probabilidad de superar 2.700 metros y 50% de probabilidad de superar 3.100". El P50, el P80, el P95 son metros con nivel de confianza, no promesas.
Por qué esto le sirve al negocio, no solo al planificador.
Este cambio de método no es sofisticación académica. Tiene consecuencias concretas: los compromisos hacia arriba dejan de ser fantasía; la conversación con contratistas cambia porque los desvíos dejan de ser excusas y pasan a ser eventos dentro o fuera de la distribución esperada; los riesgos de la campaña son visibles antes de que ocurran, no después.
Qué requiere.
Un plan estocástico requiere una cosa que la mayoría de las operaciones no tiene: la distribución histórica real de rendimiento por equipo, por zona, por tipo de sondaje. No el promedio: la distribución. Y esa distribución solo existe si cada turno de cada equipo está capturado digitalmente con el detalle suficiente para segmentarlo. Aquí, otra vez, la infraestructura de captura de datos de terreno es el prerrequisito. Sin ella, la planificación estocástica es un ejercicio teórico. Con ella, es la mejora más grande que se le puede hacer al proceso semanal de planificación de sondajes sin cambiar una sola sonda.